Un grupo de voluntarios de la parroquia, como cada año, desde hace 46, en la madrugada del domingo, se dedican con todo primor a elaborar las alfombras con serrín tintado de varios colores. Su propósito: embellecer el itinerario aún más, por donde va a transcurrir la procesión con el Santísimo en su preciosa custodia. Día anteriores, se colgaron los toldos y flores en las calles de La Unión y María Rojas, y, los reposteros por todo el recorrido amarrados a balcones y rejas de ventanas.
Les ofrezco las alfombras expuestas cubriendo el asfalto, dignas de contemplación, a la espera del paso del Altísimo en procesión y, algunos detalles destacados de fachadas ornamentadas por los vecinos. Lástima que no llegue por pantalla, el olor a tomillo y otras hierbas aromáticas que cubrían el suelo, gracias a un grupo, diría yo, especialistas en estas labores.


Esta fiesta, de origen medieval e instituida por el papa
Urbano IV en el año 1262, tenía que servir a la Iglesia para venerar
públicamente el sacramento de la eucaristía y exaltar la doctrina del cuerpo de
Cristo frente a quienes la negaban.



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