Unas pinceladas del pregonero entresacadas de su saluda en el programa de Ferias y Fiestas.
"Aunque nací en Madrid, mis raíces son tan profundas con esta tierra que siempre me he considerado sonsecano de corazón. Y es que desde mucho antes de que alcance a recordar, no había fin de semana, fiesta o vacaciones que, mi familia y yo, no viniéramos a Sonseca."
Pasos de su trayectoria profesional:
Estudia Medicina en la Universidad Complutense.
Hizo la residencia de Cirugía Cardiovascular en el Hospital Universitario 12 de octubre.
Trabajó varios años en el Hospital de León
En el 2015 regresó a Madrid para incorporarse al Hospital Universitario Puerta de Hierro.
Obtuvo el Doctorado en Medicina
Desde hace dos años es Profesor Asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid.
Responsable Jefe de Servicio de Cirugía Cardiaca.
Ha conseguido con su equipo ser el primero en realizar trasplante cardiopulmonar con donantes en asistolia en España.
"Sin embargo más allá de los títulos y los logros científicos, el aspecto fundamental y más reconfortante de la Medicina sigue siendo el mismo poder ayudar a mejorar la vida de las personas. Esto para mí ha sido especialmente satisfactorio y gratificante cuando he operado a algunos vecinos de Sonseca"
PREGÓN FERIAS Y FIESTAS SONSECA 2026
Carlos E. Martín López
Distinguidas
autoridades civiles y eclesiásticas, querida alcaldesa y representantes de la Corporación
Municipal, queridos miembros del Patronato de la Virgen de los Remedios, alférez,
muñidor y miembros de la Compañía de Alabarderos, reina, damas y niña de
la bandera con quienes este año tengo el honor de honrar las Ferias y
Fiestas a nuestra Patrona.
Queridos vecinos de
Sonseca, buenas noches a todos:
En primer lugar,
quiero expresar mi gratitud a María Victoria y a la corporación municipal por
haber pensado en mí para este pregón. Hay en Sonseca muchas personas con
trayectorias personales y profesionales merecedoras, seguramente más que yo, de
estar aquí. Para mí, es un gran honor, un privilegio y también una
responsabilidad.
Permitidme, también,
que este pregón sirva para honrar la memoria de mis abuelos, Sofía y Manuel y
agradecer el apoyo de toda mi familia, a mis padres y hermanos, a mis amigos y,
obviamente, a la mayor suerte de mi vida, mi mujer, Estela y mi hija Teresa.
En Medicina, antes de
comenzar una ponencia en un congreso debes señalar si existen conflictos de
interés, esto es, si tienes intereses personales que puedan poner en riesgo la objetividad
e imparcialidad de los datos que vas a presentar. Yo, en este caso, debo decir que
tengo un gran conflicto de interés al pronunciar este pregón, porque mis raíces
y gran parte de mi vida se la debo a Sonseca y todo lo que pueda contar será
subjetivo e influenciado por el amor a este pueblo.
Hay pueblos cuya
grandeza no se mide por el número de habitantes ni por el tamaño de sus calles,
sino por la capacidad que tienen para permanecer en el corazón de quienes las
conocen. Sonseca es una de ellas.
Si la patria de un
hombre lo constituyen un paisaje y unos recuerdos, una memoria, que se forjó en
la infancia y si, además, en esa patria es donde viven las personas a las que quieres,
su tierra acoge a quienes nos precedieron y están los amigos que permanecen a nuestro
lado, Sonseca es, sin duda, mi primera patria.
Mi vínculo original
con Sonseca fueron mis abuelos maternos, Sofía Cerdeño García-Aranda y Manuel
López Rielves. Aunque hace muchos años que ya no están entre nosotros, tengo
grabada en mi memoria la sabiduría y rectitud de mi abuelo y el cariño y sonrisa
permanente de mi abuela. Su ejemplo de vida, como buenos sonsecanos, de esfuerzo,
sacrificio y trabajo han sido siempre un referente en nuestra familia.
Tuvieron cinco hijos,
y la tercera de ellos, Mari, es mi madre. Ella fue la responsable de crear los
fuertes lazos que nos unen a Sonseca a mis hermanos y a mí, porque, pese a que
tuvo que irse a vivir a Madrid con mi padre por motivos laborales, el profundo arraigo
a su familia y a su pueblo (con la complicidad de mi padre Esteban, quien sin
ser sonsecano ha hecho suya también esta tierra), hicieron que no hubiera un
fin de semana, fiestas o vacaciones que no viniéramos a Sonseca.
Entre mis primeros
recuerdos infantiles era la ilusión de la llegada del viernes por la tarde,
montar en el coche familiar y tras cruzar Ajofrín, contemplar el extenso valle rodeado
por los Montes de Toledo que aloja a Sonseca y llegar a los Arcos de la Plaza de
la Virgen rumbo a la casa de mis abuelos en la calle La Arroyada nº 57.
¿Quién no recuerda la
casa de sus abuelos?
La de mis abuelos era
una casa grande que daba a dos calles (La Arroyada y la del Cid) y contrastaba
una parte más moderna y reformada, donde se hacía la vida diaria, con otra más
antigua, casi congelada en otros tiempos, que era las delicias de la imaginación
en los juegos de todos los nietos
Coincidiendo con lo
que, hace años, ya mencionara mi tío Eloy, resultan muy oportunos aquellos
versos de Antonio Machado que decían: “Mi infancia son recuerdos de un patio de
Sevilla”, en mi caso, fueron dos patios de Sonseca, uno pequeño con un pozo y su
polea, el otro grande de baldosas empedradas y, en vez de limoneros, un gran membrillero.
En estos primeros
años tengo guardado en mi memoria con cariño los juegos interminables con mis
primos, las carreras en bicicleta por la cuesta de la calle Toledo y la calle
del Cid, las cenas navideñas familiares multitudinarias, las excursiones a la huerta
de mis abuelos en el camino del Portachuelo, a “Los Pinos” de Marjaliza, la Torre
Tolanca, San Pedro de la Mata y hasta la imagen de mi abuela cada verano sentada
al fresco de charla con los vecinos.
También recuerdo con
total lucidez la mezcla de sentimientos con la llegada de la feria.
La ilusión en esos
días especiales con las calles atestadas de gente, la música, los cohetes, los
puestos kilométricos de juguetes donde sabías que tus padres te iban a enferiar...
Sin embargo, la feria marcaba también el final del verano y el día de la Octava
(mucho antes de la rifa de la bandera) ya estábamos de camino a Madrid de vuelta
a la rutina.
Con el paso del tiempo conocí a los que siguen siendo mis
mejores amigos y recuerdo con una sonrisa y, también con cierta nostalgia,
aquellos días de los años 90 con los “Billares” como nuestro punto de encuentro
y recorrer el pueblo y, parte de la comarca, con los vespinos, los veranos en
la piscina municipal, en la huerta de algún amigo, la romería de San Gregorio…
También fue el tiempo de nuestras primeras salidas nocturnas, donde tuvimos la
suerte de coincidir en un momento en que Sonseca era, sin duda, el epicentro de
la fiesta de toda la provincia. Y, cómo no, por supuesto, la feria de Sonseca.
No sé si los jóvenes de hoy viven las fiestas de una manera distinta, aunque supongo
que cada generación tiene su forma de hacerlo. Pero estoy convencido de que hay
algo que nunca cambia y es la ilusión con la que uno espera esos días durante
todo el año. Nosotros empezábamos a organizarlo cuando todavía faltaban semanas
para que llegaran, y en nuestra época la costumbre era alquilar un local (chiringuito
le decíamos), lo más cercano posible al ferial y con un margen de tiempo
suficiente para poder acondicionarlo para la feria. Esos chiringuitos nos daban la vida
durante las fiestas, un lugar para estar todos juntos y de encuentro con otros
grupos de amigos.
Fue precisamente en
esos años cuando conocí a Estela, ¡quién me iba decir en ese momento que con
aquella chica sonsecana de apenas 16 años construiríamos un futuro juntos,
tendríamos a nuestra hija y me estaría acompañando en estos momentos, tres décadas
después!. Qué bonito viaje.
Lo que si tuve claro
desde niño era la profesión a la que me quería dedicar. Mi madre padeció,
durante su infancia, de fiebres reumáticas que le produjeron una enfermedad de las
válvulas del corazón. Aunque afortunadamente se encuentra bien, el haber
crecido viéndola durante toda su vida necesitando medicamentos, cirugías y
revisiones periódicas seguramente me marcó y estudié Medicina en la Universidad
Complutense de Madrid. Posteriormente
hice la residencia de Cirugía Cardiovascular en el Hospital Universitario 12 de
octubre.
Todavía recuerdo la
fascinación de la primera vez que tuve un corazón latiendo entre mis manos o
como, gracias a la generosidad anónima de un donante y su familia, tener la
sensación indescriptible, que aún hoy me resulta casi milagrosa, de trasplantar
un corazón que lleva varias horas parado y empieza a latir de forma espontánea
en otro cuerpo.
Reconozco que me
siento profundamente privilegiado por poder trabajar en algo que me apasiona,
porque, aunque la cirugía cardiaca es una especialidad exigente y sacrificada, que
no entiende demasiado de horarios o fines de semana y con muchas horas de quirófano
y momentos de tensión, todo queda ampliamente compensado con la satisfacción de
comprobar que un paciente con un estado de salud muy deteriorado, puede volver
a su casa, reunirse con su familia y seguir haciendo su vida.
Tras finalizar la
residencia estuve unos años trabajando como médico adjunto en el Hospital de
León. Fue una época de crecimiento personal y profesional que recuerdo con
mucho cariño. Sin embargo, nunca llegué a acostumbrarme a estar tan lejos de casa,
de los míos y en 2015 regresé a Madrid para incorporarme al Hospital Universitario
Puerta de Hierro, un centro pionero y de excelencia en cirugía cardiaca.
Esta etapa me ha
permitido crecer profesionalmente adquiriendo una valiosa experiencia trabajando
y aprendiendo de grandes cirujanos nacionales e internacionales. Asimismo,
he tenido la oportunidad de involucrarme en el mundo docente
con la obtención del Doctorado en Medicina y mi labor como Profesor Asociado en
la Universidad Autónoma de Madrid, donde intento transmitir mi experiencia a
las nuevas generaciones de médicos.
Desde hace dos años
dirijo el Servicio de Cirugía Cardiaca del Hospital Puerta de Hierro. Gracias a
un equipo excepcional de profesionales, somos centro de referencia nacional en
diversas técnicas quirúrgicas, uno de los hospitales con mayor número de trasplantes
de corazón y hemos logrado el hito de realizar el primer trasplante cardiopulmonar
con donante en asistolia en España. Estos avances ponen en valor y reflejan la
excelencia de nuestro Sistema Nacional de Salud.
Hay un famoso
aforismo médico atribuido a Hipócrates (célebre médico de la Antigua Grecia,
considerado como el padre de la medicina) que resume la vocación de la medicina
diciendo: "Curar a veces, aliviar a menudo, consolar
siempre".
Esta frase pone de
manifiesto la importancia que debemos dar los médicos cuando un paciente se
pone en nuestras manos. Ser conscientes de que en cualquier procedimiento médico
no intervienes únicamente sobre un órgano, también lo haces sobre los sueños de
una familia, el miedo de unos padres, la esperanza de unos hijos, la ilusión de
alguien que todavía tiene muchas cosas por vivir. Y eso hace que cada operación
sea mucho más que un acto técnico. Sea, sobre todo, un acto profundamente
humano.
No tengo dudas de
que, en todo lo que he podido conseguir profesionalmente, tiene cierta culpa mi
herencia sonsecana que te forja en el valor del esfuerzo, de la constancia y de
la superación. Aunque también esa misma herencia es la que hace sorprender a
mis compañeros cuando en quirófano se me escapa algún pachasco o cabalito…
Aunque, más allá de
los títulos y los logros científicos, el aspecto fundamental y más reconfortante
de la Medicina sigue siendo el mismo: poder ayudar a mejorar la vida de las
personas. Esto para mí ha sido especialmente satisfactorio y gratificante
cuando he operado a algunos vecinos de Sonseca. Aprovecho este altavoz para
deciros que, aunque espero que nunca lo necesitéis, yo siempre estaré encantado
en poder ayudaros.
Es mi humilde forma
de devolver todo lo que Sonseca me ha dado.
Pero pese a que la
medicina actual cura muchas enfermedades, la ciencia avanza cada día y la
tecnología nos permite hacer hoy cosas que hace apenas unas décadas parecían
imposibles. Nada puede cambiar nuestra condición humana, frágil y vulnerable,
lo que convierte a la vida en algo infinitamente valioso.
En el mundo actual,
dónde toda va demasiado rápido, vivimos con frecuencia mirando hacia el futuro,
esperando el momento ideal para ser felices: cuando alcancemos una meta, cuando
tengamos más dinero, cuando desaparezcan los problemas.
Sin embargo,
olvidamos con frecuencia que lo más importante de la vida es disfrutar de los
pequeños momentos de felicidad y poder compartirlos con quienes más queremos.
No se me ocurre mejor
manera para hacerlo que en nuestras Ferias.
Han pasado muchos
años de aquel niño que viajaba con sus padres y hermanos a Sonseca cada fin de
semana. Pero con la misma ilusión, más de 40 años después, mi mujer y yo
seguimos viniendo para reencontrarnos con la familia y los amigos de siempre.
Ahora, lo hacemos acompañados de nuestra hija, para que crezca conociendo sus
raíces e intentando crear en ella los mismos lazos con Sonseca que tenemos nosotros.
Y es que, con el paso
del tiempo, uno va siendo más consciente de la suerte de poder tener un pueblo
al que volver, de sentir un orgullo de pertenencia. Un sentimiento que hace que
baste con escuchar el nombre de Sonseca para que regresen los recuerdos, los paisajes
y las personas que han dado sentido a nuestra historia.
Por eso cada regreso
tiene algo de celebración. No volvemos únicamente a un lugar; volvemos a una
forma de sentir, a una manera de entender la vida en la que aún es posible
detenerse a conversar con calma, saludar a los vecinos por su nombre y reconocer
en cada rincón una parte de nuestra propia memoria.
Pero recordar no
significa resistirse al cambio. Al contrario, significa afrontar los nuevos
tiempos con la seguridad que proporciona conocer la propia identidad. Sonseca ha
sabido transformarse muchas veces a lo largo de su historia, superando
dificultades y adaptándose a nuevas realidades sin dejar de ser fiel a sí
misma.
Ese es el mejor
ejemplo que podemos ofrecer a nuestros hijos. Transmitirles que amar la tierra
donde uno ha crecido no consiste en encerrarse en ella, sino en contribuir a mejorarla.
Cada persona puede hacerlo desde su profesión, desde su familia, desde la cultura,
la educación, la empresa o el compromiso con los demás…
Todos tenemos algo
que aportar. Un pueblo lo construyen cada día quienes abren un comercio,
quienes enseñan en una escuela, quienes atienden a los enfermos, quienes cultivan
los campos, quienes crean empleo, quienes participan en asociaciones o
quienes simplemente hacen más amable la vida de sus vecinos.
Y sin importar dónde
nos encontremos, debemos recordar siempre el compromiso con nuestro origen y
actuar, en cada ocasión posible, como dignos representantes de nuestra tierra,
nuestra gente y nuestras tradiciones.
Son esos gestos los
que fortalecen una comunidad. Y precisamente las fiestas nos recuerdan esa
realidad. Durante unos días dejamos a un lado las preocupaciones habituales
para encontrarnos de nuevo, compartir conversaciones, recuperar amistades y celebrar
aquello que nos une.
Llegados a este
punto, solo queda hacer lo más importante. Invitar a todos a vivir estos días
con intensidad. Disfrutad de la feria de día y de noche, de las tradiciones, de
cada verbena, de cada conversación improvisada en una terraza o en la Plaza.
Porque las fiestas
no son únicamente un programa de actos. Las fiestas son el reflejo de un pueblo
que sabe reunirse, celebrar y compartir.
Nada de esto sería
posible sin el trabajo silencioso de muchas personas.
Quiero reconocer el
esfuerzo de quienes, durante meses, preparan estas celebraciones con ilusión y
dedicación, todas aquellas personas que, muchas veces de manera anónima, hacen
posible que todo salga bien.
También quiero
dedicar un recuerdo lleno de afecto a quienes hoy no pueden acompañarnos pero
permanecen para siempre en nuestro recuerdo, porque las ciudades también están
hechas de la huella que dejan quienes las amaron.
Que los niños que hoy
juegan en estas calles sientan dentro de unos años el mismo orgullo que
nosotros sentimos al pronunciar el nombre de Sonseca y, que quienes tuvieron
que marcharse encuentren siempre razones para volver.
Porque los lugares
verdaderamente importantes no son aquellos donde simplemente vivimos. Son
aquellos que nos enseñan quiénes somos.
¡Qué la alegría llene las calles! ¡Qué nunca falten los
abrazos, las conversaciones ni las risas compartidas! que estos días nos
recuerden todo aquello que nos une y todo lo que aún podemos construir juntos!
¡¡Viva las Ferias en honor de la Virgen de los Remedios!!
¡¡Viva Sonseca!!
Muchas gracias
Y, mil gracias le doy yo a Carlos por cederme su pregón gentilmente para uso y disfrute de los visitantes a este sencillo blog con raíces sonsecanas como él.









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