Seguimos con un tiempo un tanto revuelto, ahora con chubascos ocasionales, que los sonsecanos sorteamos, manteniendo los actos de la romería en marcha pase lo que pase. Si hay que aligerar con el santo en la procesión, pues se aligera.
El día 8, a la puerta de la ermita bajo la carpa colocada delante, Pablo María García de Blas Gómez , joven sacerdote, natural del pueblo, nos dio el pregón con la presencia de compañeros, autoridades locales, presidenta de la cofradía de san Gregorio con su equipo y un gran grupo de asistentes que rebasaban la superficie cubierta.
Le he pedido el pregón para su publicación y él muy gustoso me lo ha mandando por correo electrónico para su lectura y disfrute en este, su blog. Ya me cedió en su día el pregón que dio para la fiesta de Fray Gabriel de la Magdalena.
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| Tradicionales vísperas dirigidas por el párroco, don José Carlos Arellano |
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| Doña Carmen Luz Herrera Gómez, presidenta de la cofradía, saludó a los romeros. |
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| Doña María Victoria Martín de san Pablo, alcaldesa, saludó a los romeros. |
PREGÓN SAN
GREGORIO 2026
Pablo María García de Blas Gómez
“Os he hablado de
esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud”.
No se me ocurría otra forma mejor de comenzar este pregón que citando la
Biblia, en concreto a Jesucristo, que en la última cena, después de lavar los
pies a sus discípulos y entregarles el nuevo mandamiento del amor, les quiere
dar un motivo, y no es otro que la alegría, Su alegría. Su alegría, no otra.
Las drogas, el materialismo, las ansias de poder y de poseer dan alegrías, pero
siempre son fugaces, reflejo, eso sí, del deseo de plenitud que llevamos en el
corazón, pero que nunca será saciado si no es en Cristo.
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Don Pablo, el pregonero, es formador en el Seminario Menor santo Tomás de Villanueva de Toledo |
¿Por qué esta
introducción? vamos a San Gregorio. La palabra romería viene del término
romero, que no describe la planta aromática sino aquellos peregrinos que
acudían a la ciudad de Roma hacia la tumba del apóstol Pedro para buscar su
intercesión. Este término pasó a designar a todos aquellos que acudían a los
lugares santos como Jerusalén o Santiago de Compostela. El largo y arduo camino
era, y es hoy en día, un reflejo de las durezas de la vida, pero que culmina
siempre en el encuentro con Cristo a través de los santos. Este encuentro llena
siempre los corazones, pues nadie nos ha amado más que Él en el momento de la
cruz. El origen por tanto de toda romería es siempre un motivo de alegría, es
un reflejo del corazón del hombre que busca la plenitud y que no se conforma
con minucias sino que siempre quiere más.

Hoy, 8 de mayo, recordamos el primer
aniversario de la elección del papa León XIV. Él es religioso agustino y conoce
a la perfección a San Agustín, santo padre muy venerado en nuestro pueblo. Su
celebración es la antesala a la fiesta en honor a nuestra Madre la Virgen de
los Remedios. Es célebre la frase del santo de Hipona que hoy resuena con mucha
fuerza: “Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto, hasta que
descansa en ti”. Estamos hechos para el infinito, para la mayor de todas las
grandezas. Dios nos ha creado para Él y sin Él nuestro corazón se atrofia, se
apaga, se queda a medias.

Nuestra romería no es que nos vaya a solucionar los
problemas que todos tenemos, pero sí nos va a recordar para qué estamos hechos,
nos va a recordar que hemos de mirar a nuestro interior y ver realmente hacia
dónde se dirige. San Gregorio Nacianceno tuvo muchas dificultades. Él presidió
el Concilio de Constantinopla, el segundo concilio ecuménico, allá por el año
381, pero fue rechazado no por hereje, sino por su firmeza en la fe, por su
fuerte defensa de la verdad que en muchas ocasiones duele y escuece. Sin
embargo, no se rindió, y mereció el premio de la santidad. Su historia nos
recuerda siempre que hay una meta mayor en el cielo, y la alegría de esta
romería, es una pequeña imagen de la alegría eterna.

Hoy nos
encontramos en un mundo devastado por las guerras, por el poder y el engaño, en
un mundo que no es capaz de ver las necesidades de aquellos que sufren el
hambre, en un mundo dominado por la hiperconexión pero afectado por la soledad,
en un mundo donde se prefiere la muerte de los más indefensos como son los no
nacidos y los más enfermos, en un país donde el egoísmo cede hasta el punto de
haber más perros que niños, en un mundo donde sigue habiendo esclavitud, en un
mundo donde no importa la verdad sino el relato, en un mundo donde se prefiere
la astucia malvada al esfuerzo sincero, en un mundo donde ya no importa tanto
el poseer sino el consumir, un consumo fugaz que no deja poso en los corazones,
en un mundo herido por la falta de fe y amor a Dios, que es la mayor de todas
las miserias. Tenemos que ser por tanto portadores de alegría. De esto quiero
hablarles, de la importancia de la alegría verdadera para afrontar las grandes
crisis humanas.

Siempre recuerdo
San Gregorio con mucha alegría. Como escribí en el programa de la romería, hace
tiempo que no estoy para estas fechas, pero es verdad que siempre me arranca
una sonrisa. El tractor desde por la mañana, el menú del día recitando la oda a
una tortilla del tamaño de una paellera,
los petardos, los amigos, las atracciones y cuando uno es joven el no parar de
estar con gente, saludando, reencontrándonos, haciendo nuevas amistades,
visitando la ermita aunque fuese muy fugaz, lo reconozco, los juegos populares,
las hogueras de la noche y llegar a casa rendido y oliendo a humo, pero
habiendo vivido una jornada en el campo que no se olvida.

Repito, son
necesarias las alegrías, y no creo que sea egoísmo hacia quienes sufren, pues
en definitiva, cuando alguien sufre, no hay nada mejor que la compañía de
alguien te arranque una sonrisa. Es verdad que puede pasarnos algo paradójico y
es que disfrutemos de estar tristes y victimizados porque será la única manera
de que nos tengan en cuenta. Desterremos las tristezas que nos hacen ahogarnos
en nuestro interior y descubramos cuánto tenemos que agradecer y si tenemos que
estar tristes, que sea porque nos duele el mal del prójimo. Sí que es cierto
que no le vas a decir a quien no tiene muchos motivos de alegrarse que sonría y
se deje de historias, entonces simplemente acompañemos con el mayor amor que
podamos.

Santa Teresa de Calcuta escribió: El mejor medio para manifestar
nuestro agradecimiento a Dios y a los demás, es aceptarlo todo con alegría. Un
corazón alegre es el resultado lógico de un corazón ardiente en amor. Los
pobres se sentían atraídos por Jesús porque en él habitaba algo mayor que él,
irradiaba esta fuerza a través de sus ojos, sus manos, por todo su cuerpo. Todo
su ser manifestaba la entrega de sí
mismo a Dios y a los humanos. ¡Que nada nos pueda preocupar de tal modo
que nos llene de tristeza y de desánimo y que nos quite el gozo de la
resurrección!
La alegría no es una simple cuestión de temperamento cuando se
trata de servir a Dios y a las almas; exige siempre un esfuerzo. Esto es una
razón más para intentar adquirirla y hacerla crecer en nuestros corazones.
Incluso, si tenemos poco para compartir, siempre nos quedará la alegría que
nace de un corazón enamorado de Dios.

Por todas partes del mundo, la gente está
sedienta y hambrienta del amor de Dios aunque no lo sepa. Nosotros respondemos
a esta necesidad cuando sembramos la alegría. Es una de las mejores fortalezas
contra la tentación. Jesús puede tomar plena posesión de un alma que se abandona
en él con alegría. La alegría es una necesidad y una fuerza para nosotros. Una
hermana que cultiva el espíritu de alegría siente menos la fatiga y está cada
día dispuesta a hacer el bien. Una hermana rebosante de alegría predica sin
predicar. Una hermana alegre es como el rayo del sol del amor de Dios, la
esperanza de la alegría eterna, la llama de un amor ardiente. La alegría es una
de las mejores garantías contra la tentación. El diablo es portador de temor y
barro, toda ocasión para lanzárnoslo es buena para él. Un corazón alegre sabe
cómo se ha de proteger.
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| Los Coros y Danzas Prado Santa Ana de Madridejos actuaron después de la misa del día 9. |
Busquemos sin
cansancio aquellas alegrías que no tienen precio aunque sí conllevan esfuerzo.
San Pablo nos dice en su carta a los filipenses: “Estad alegres en el Señor, os
lo repito, estad alegres” Lo expresa casi como un mandato, como algo que
podemos elegir. Y sí, la alegría se puede elegir, aunque el fruto sea
posterior. La alegría de un curso aprobado o un trabajo bien hecho no es
instantánea, pero desde el principio se elige y el premio finalmente llega.

Elijamos la
alegría de la AMISTAD. Dice el libro del Eclesiástico: “Quien tiene un amigo,
tiene un tesoro”. Un tesoro lleva tiempo, búsqueda, dedicación, atención y es
algo que no se deja escapar fácilmente. El propio San Gregorio tuvo en San
Basilio un gran amigo, una amistad realmente sana. Él mismo escribió: Yo,
entonces, no sólo sentía gran veneración hacia mi gran amigo Basilio por la
austeridad de sus costumbres y por la madurez y sabiduría de sus discursos,
sino que también inducía a tenerla a otros que aún no lo conocían… Nos
impulsaba el mismo anhelo de saber… Nuestra competición no consistía en ver
quién era el primero, sino en quién permitiría al otro serlo. Parecía que
teníamos una sola alma en dos cuerpos”. Puedo decir que cuánto he disfrutado
con las amistades en mi querido pueblo. Los partidos de fútbol, baloncesto,
ping pong, las salidas en bicicleta. Los años en el instituto donde lejos de
hacerse pesados, al final los recuerdo con mucho cariño. La banda de música en
las fiestas o la charanga de samba en los carnavales.

No apuntábamos a todo.
Los viajes o las excursiones con los amigos, las ferias en los chiringuitos del
pueblo donde pasábamos las tardes de agosto ajenos a cualquier compromiso, San
Gregorio y San Juan con sus encierros que era algo único para nosotros. También
me he sentido arropado y escuchado en los momentos difíciles y en la medida que
he pedido, he procurado ayudar y acompañar.
El grupo de monaguillos donde todos
los sábados después de repartirnos las misas jugábamos al fútbol en las pistas
del colegio. Íbamos también a las convivencias de monaguillos del seminario
donde ahora estoy allí como formador para recibir a los sacerdotes y
monaguillos. Las tardes de verano en la piscina de mi abuela y más tarde con los
amigos, campamentos parroquiales, fiestas de verano en las huertas y de vez en
cuando en las fiestas de los pueblos. Puedo decir que nada de esto ha sido de
forma desmadrada. Creo que Dios nos ha cuidado mucho en ese sentido. Y muchas
anécdotas que de vez en cuando recordamos y nos hacen ver qué felices hemos
sido. Y lo sigo siendo. Todo esto no lo digo con melancolía, es más
agradecimiento por esa infancia y esa juventud.
Elijamos la
alegría de la FAMILIA. Se dice que la batalla final será contra el matrimonio y
la familia. Su destrucción puede ser una herida de muerte y por lo tanto luchar
por ella es un camino seguro para la libertad, la responsabilidad, la
solidaridad, la fortaleza, la fe y cómo no, la alegría. Qué belleza la de un
niño recién nacido que encuentra el consuelo en los brazos de sus padres. Qué
gran esfuerzo y cuántos desvelos ocasionan, pero que lo único que hace es
acrecentar el amor.
Qué gozo el de un bebé que comienza a dar sus primeros
pasos, que va diciendo sus primeras palabras y que va imitando a sus padres en
lo que hace. Qué gran regalo del Cielo es un hijo por mucho trabajo que eso
conlleve. La familia nunca va a ahorrar esfuerzos de cualquier tipo, pero la
caridad que se ha de vivir en la familia supera todo obstáculo. En mi familia
tengo ahora 3 sobrinillos que son la alegría de la casa. Pero no sería justo
nombrarlos solo a ellos. Cuántos encuentros en la huerta del verdejo: desde la
comida de todos los fines de semana hasta pre-bodas. Cuánto he disfrutado
siempre en Navidad en las cenas y comidas familiares. Siempre me ha encantado
cualquier excusa para que nos podamos juntar con tal de vernos. La familia se
tiene que juntar: primos, tíos, abuelos, sobrinos, etc. Dios, siendo
Todopoderoso, quiso tener una familia aquí en la tierra, por tanto debemos
cuidarla cada día. Cuando era pequeño me cuenta mi madre que si en el viaje
parábamos en una gasolinera y no venían mis hermanos, para meterles prisa
decía: “nos vamos sin vosotros”, pues yo me bajaba del coche. Si queréis os vais
vosotros, pero yo no me voy sin mis hermanos.
Qué gran regalo son también
nuestros mayores que son la sabiduría de un pueblo. Mi abuela Amelia aún vive
con 99 años y tengo el gran ejemplo de mi padre, mi tío y mis tías, que cada
día están pendiente de la reina de la casa. Es lo normal, pero en ocasiones no
lo es. Por otro lado, también tengo el ejemplo de la familia de mi madre que
cuidaron de mi abuela Manola hasta el final y una vez en Illescas, donde estuve
9 años, me encontré con varias personas que conocían a mi abuelo Viriato de
cuando iba a comprar sillas por allí. No olvidemos a nuestros difuntos, a veces
con mucho dolor porque se han ido antes de tiempo y no llegamos a entender del
todo, pero que son reflejo del Amor de Dios. Que la alegría de la romería
llegue a cada rincón de nuestras vidas.
Elijamos la
alegría del PERDÓN. Ejemplos de perdón todos tenemos y lo que hacen es
liberarnos de una esclavitud. A mi abuelo Víctor le entregaron a aquel que mató
a su padre en la guerra civil y sus palabras fueron: “no soy ningún asesino,
que lo juzguen”. El perdón también trae alegría. Nadie dijo que fuese fácil,
pero esa lucha interior tiene el premio de asemejarnos a Dios. El perdón es
mirar como mira nuestro Padre del Cielo, nos encamina para lo que estamos
hechos. El perdón nos hace ampliar nuestra mirada y reconocer en quien ha
ofendido que es mucho más, que sigue siendo amado infinitamente por Dios y que
también en algún momento nosotros mismos hemos sido perdonados. Nunca el perdón
nos hará débiles, ni a nuestro enemigo, si es que le podemos llamar enemigo, le
hará más distante y malvado como si no hubiera pasado nada. El perdón, como
acto loco de caridad, desconcierta al otro por la sobreabundancia de amor.
El
perdón no quita cumplir una condena o un castigo justo por el mal que se ha
hecho, sino que dignifica a la persona. No es la justificación de un daño, sino
la liberación del rencor que albergamos. No olvidemos tampoco el perdón a
nosotros mismos. Hemos hecho mal, no lo neguemos, pero nos tenemos que mirar
con paciencia y querernos, porque Dios nos ha amado eternamente.
Elijamos la
alegría de LA PAZ. Hoy se cumple otra efeméride y es el fin de la Segunda
Guerra Mundial. En ese día los aliados de la Segunda Guerra Mundial aceptaron
la rendición incondicional de la Alemania nazi.
En la historia reciente también
han sucedido por otro lado las apariciones de la Virgen María como en Fátima
(Portugal), Lourdes (Francia) o Medjugorje (En la actual Bosnia y Herzegovina).
Nuestra Madre insiste mucho en la oración por la paz. La paz comiendo con el
prójimo, es decir, el próximo, el más cercano, y cuesta mucho trabajo.
Jesucristo lo dice: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos
serán llamados hijos de Dios”. Es un trabajo diario, que cuesta, y que no es
otra cosa que imitar la bondad de Dios, ahí es nada. Escribió San Gregorio: “Si
gozas de salud y eres rico, alivia la necesidad de quien está enfermo y es
pobre; si no has caído, ayuda a quien ha caído y vive en el sufrimiento; si
estás alegre, consuela a quien está triste; si eres afortunado, ayuda a quien
ha sido mordido por la desventura. Demuestra a Dios tu agradecimiento por ser
uno de los que pueden hacer el bien, y no de los que necesitan ayuda… No seas
rico sólo en bienes, sino en piedad; no sólo en oro, sino también en virtud, o
mejor, sólo en esta. Supera la fama de tu prójimo teniendo más bondad que
todos; conviértete en Dios para el desventurado, imitando la misericordia de
Dios”.
Elijamos la
alegría de CRISTO RESUCITADO QUE SUPERA TODA TRISTEZA. Para afirmar la
existencia de Cristo hay datos más que de sobra para afirmar que vivió entre
nosotros. Pero se necesita el don de la fe para reconocer que Cristo resucitó y
venció a la muerte. La fe es un don que se puede pedir y que debemos mantener y
fortalecer.
En febrero tuve la suerte de visitar al papa en audiencia privada
junto con mis padres, los seminaristas y otros seminarios de España. El papa
nos citaba a Chesterton diciendo: “Quitad lo sobrenatural, y no encontraréis lo
natural, sino lo antinatural”. Cristo vivo humaniza al ser humano, porque es
quien lo ha creado y quien lo ha salvado. No hay mayor alegría que la de vivir
con Él. “Maestro, ¿Dónde vives?”, le preguntaban los primeros discípulos, y ese
día en compañía del Señor les cambió la vida.
Las esclavitudes son vencidas,
los miedos erradicados, la muerte y el pecado no tienen la última palabra. ¿Qué
voy a contaros? soy sacerdote, no puedo contaros otra cosa, y doy gracias a
Dios por ello. Quien crea en Él, que cuide su fe, y quien se encuentra en
dudas, indiferente o directamente no quiere saber nada de alguien llamado Dios,
que le dé una oportunidad y se abandone en Él. Dios no defrauda. No nos va a
ahorrar sufrimientos, pues Dios no vino a quitar el dolor, ni siquiera a explicarlo,
sino que vino a llenarlo con su presencia. Es la presencia real de la persona
de Jesucristo quien a diario acompaña nuestro camino. Dale una oportunidad a al
buen Dios.
Perdonad si el
pregón ha sido más parecido a una homilía, pero es que no sé hacer otra cosa,
defecto profesional, supongo. Disfrutemos de la romería, alegrémonos y
alegremos la vida de los demás.
¡Viva Sonseca!
¡Viva la devoción
a la Santísima Virgen de los Remedios!
¡Viva San Gregorio!
Cae en nueve san Gregorio,
un día muy "chapurroso",
si sale la procesión
con chaparrones acuosos.
Más de uno se mojó.